Por qué no llueve hacia arriba?!", me preguntó mi hijo.
Qué tierno.
En realidad no buscaba una
respuesta, es la manera que tienen los niños de admirarse ante una
realidad que es pero que podría no haber sido. El asombro es el motor de
la motivación del niño. Chesterton decía...
Un sabio.
... "En cada niño todas las cosas
del mundo son hechas de nuevo y el universo se pone de nuevo a prueba".
Un niño ve por primera vez el cielo, y estrena el cielo. Crece
maravillado por lo que le rodea. Si te fijas, de camino al cole las
madres tiran de los niños, sólo las abuelas caminan junto a ellos.
Una observación de la que aprender.
Los niños se paran maravillados porque han visto algo que brilla en el suelo..., y las madres dicen: "¡Deja esa porquería!".
¿Qué hacemos?, ¿llegar tarde al cole?
Lo que sea
menos chafar su asombro. El asombro es el deseo de conocimiento, es no
dar el mundo por supuesto, por eso debemos educar en el asombro.
¿Y cómo se hace?
El asombro requiere libertad
interior. Según Tomás de Aquino, hay dos fases en el conocimiento: la
primera es el descubrimiento y la invención, y la segunda, la disciplina
y el aprendizaje. Hemos invertido el orden: en las escuelas se aprende
de fuera hacia dentro, no de dentro hacia fuera.
El afuera es invasivo.
Sufrimos el síndrome de la
sobreestimulación debido a unos cuantos experimentos con ratas:
pusieron unas ratas en una jaula oscura y otras en un laberinto con
ruedas y rampas. Las segundas resolvían mejor los problemas. Así
llegaron a la conclusión de que a más estímulos, más inteligencia.
Entre la carencia de estímulos y el exceso debe haber el punto medio.
Hoy los estudios relacionan la sobreestimulación con problemas de aprendizaje.
Estamos en la era de las pantallas.
Estamos
creando niños saturados. Inocentes series infantiles tienen una media
de 7,5 cambios abruptos de imagen por minuto. Cuando esos niños se
enfrentan al ritmo de la vida real, todo les impacienta y aburre.
Existen estudios que relacionan horas de televisión en la infancia con
problemas de atención y trastorno del aprendizaje.
Hay que recuperar el silencio.
Las pantallas
estridentes turban el único aprendizaje sostenible del niño: descubrir
el mundo por sí mismo y a su ritmo. Einstein decía que la formula del
éxito era el trabajo, más el juego, más el silencio. Nunca habíamos
tenido tanta información y nun-ca habíamos aprendido tan poco.
Es una preocupación mundial.
El premio Nobel
Herbert Simon decía que la información consume atención de quien la
recibe. En consecuencia, una gran cantidad de información crea un
empobrecimiento de la atención.
La multitarea es hoy habitual en niños.
Y ya
sabemos que dividir la atención la merma. El niño sobreestimulado se
convierte en un adolescente que lo ha visto y lo ha tenido todo, tiene
el deseo bloqueado.
El sistema educativo tampoco ayuda.
Todos
nacemos originales y morimos copias, decía Carl Jung. En lugar de sacar
lo mejor de cada uno, el sistema educativo inculca. Y se amolda al
supuesto "nuevo ritmo infantil" a base de pantallas. Sin embargo, los
altos directivos de empresas tecnológicas de Silicon Valley mandan a sus
hijos a un colegio de élite que hace bandera de no utilizar tecnología
en las aulas.
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